Monthly Archives: March 2017

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LAS PARAFILIAS

Hablamos de parafilia cuando la excitación y la gratificación sexual de la persona dependen exclusivamente de la fantasía recurrente o realización de un acto especial e insólito que se convierte en el foco principal de la conducta sexual. Las parafilias son variaciones atípicas de la sexualidad que constituyen una compulsión sexual o una adicción.

Suele tener su comienzo en la infancia y pubertad aunque se manifiesta mas tardíamente, la persona que realmente sufre este trastorno se ve asaltada constantemente por la necesidad de satisfacer su deseo sexual, incluso aunque esto interfiera en su vida diaria, despreocupándose en muchos casos de otras responsabilidades.La teoría psicoanalítica considera que los trastornos de comportamiento son expresiones simbólicas de conflictos internos inconscientes que en general se remontan a la infancia.

La libidinización de la ansiedad, la culpa y el sufrimiento es un método de defensa característico de las parafilias, hay una compulsión a repetir sin cesar un patrón de comportamiento sexual donde la fuente del placer se encuentra desplazada fuera de la relación sexual y se obtiene de alguna otra actividad u objeto.

Las parafilias más comunes son: travestismo, fetichismo, sadismo sexual, exhibicionismo, pedofilia, victimizadores sexuales, además de muchas otras menos conocidas, es muy difícil tratar este trastorno debido a que las personas con parafilias normalmente no buscan tratamiento, su conducta es una fuente de placer y los anima a continuar con esta práctica. El método que lleva a cabo el terapeuta para conseguir su curación muchas veces es en vano, puesto que no existe ninguna motivación en el sujeto para cambiar su conducta, además los victimizadores no se sienten responsables de sus actos ya que aseguran que son incapaces de controlar sus impulsos.

Ante esta triste realidad encontrar solución a comportamientos como el sadismo y la pedofilia se convierte en algo sumamente complejo, prácticas que desgraciadamente generan muchas víctimas y como sociedad deberíamos intentar aunar nuestros esfuerzos para erradicarlas.

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PSICODINÁMICA DE LA DEPRESIÓN

La depresión es un estado de sufrimiento donde el yo ha quedado herido, no solo su mirada ha sido ensombrecida viéndolo todo sin sentido, sino que el sujeto siente que no es nadie, su amor propio se ha desvanecido. Ha perdido el objeto que causa su deseo, puede ser cualquier cosa valorada: estatus, juventud, bienes, autoridad ; creemos que es la pérdida de un objeto amado lo que genera el sufrimiento, pero en realidad la aflicción se produce por la pérdida del propio apego.

Es como si hubieras perdido una parte irrecuperable de ti mismo y una fuente irremplazable de felicidad, el apego es una inversión de energía emocional que a su debido tiempo debe volverse a reinvertir.

La pérdida provoca reacciones fisiológicas y cambios en los neurotransmisores del cerebro, hay una disminución en los niveles de serotonina del cerebro y una depresión del sistema inmunológico. En los duelos patológicos se siente una pérdida irrecuperable del objeto que es causa del deseo y se buscará en cada vacío donde pueda arrojarse uno a su encuentro, la desesperación está en la base de la depresión, desprovisto de perspectiva, el deprimido renuncia de alguna manera a seguir existiendo.

No vislumbra nada más allá de su dolor, ha sido despojado de un deseo psicológicamente irrenunciable, solo la tristeza acompaña su existencia.

Existen varios tipos de trastornos depresivos los más comunes son: el trastorno depresivo mayor y el trastorno distímico o distímia que se caracteriza por síntomas de larga duración aunque menos graves. La depresión debe ser siempre tratada por un médico o psicoterapeuta y deben ser diagnosticadas las enfermedades que pueden coexistir con el cuadro depresivo y discernir si es necesario el empleo de medicación.

Dentro de la psicoterapia analítica para el tratamiento de la depresión el objetivo terapéutico se centra en descubrir la vía particular a través de la cual el paciente llegó a deprimirse, este proceso nos conduce al establecimiento del foco dinámico que será trabajado en la terapia, este foco es el patrón que se repite que nos enseña donde está el conflicto y como debemos abordarlo para superarlo. Nuestro dolor debe convertirse en el tiempo de tratamiento en un catalizador, para que podamos asimilar las perdidas que no han podido ser en su momento debidamente metabolizadas en nuestro sistema.

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EL COMPLEJO DE EDIPO

Para el recién nacido no existe un mundo objetivo ahí fuera sigue manteniendo la unión simbiótica con la madre, todos sus afectos están orientados hacia ella debido a que el vínculo prenatal sigue aún intacto, el mundo al que tiene acceso en los primeros estadios de vida, está muy delimitado por su figura materna. Al crecer, el niño empieza a ampliar sus fronteras y aparecen los otros, en este periodo se instaura un triangulo afectivo donde aparece el padre, la relación dual y exclusivista que el niño tenía con la madre desaparece. Alrededor de los tres años de edad, comienza el complejo de Edipo, que sería la expresión de tendencias libidinosas incestuosas del niño hacia la madre y si es niña hacia el padre, lo cual les pone en conflicto con el progenitor del mismo sexo al que sienten como un rival.

El complejo de Edipo es un concepto central dentro de la teoría psicoanalítica que se refiere al conjunto de emociones y sentimientos infantiles, caracterizados por la presencia ambivalente de amor y hostilidad hacia los padres.

El conflicto edípico se manifestaría en la etapa pregenital del desarrollo psicosexual , reviviéndose de nuevo en la pubertad donde finalizaría con la elección de objeto dando paso a la sexualidad adulta. Esta etapa edípica se resuelve cuando el niño en su deseo de superarlo va reforzando sus identificaciones con el padre intentando cada vez más parecerse a su rival, acaba entonces por identificarse con él en una especie de solidaria convivencia en la que el padre se vuelve un modelo para el niño, lo mismo ocurre entre la niña y su madre.

Por fin el niño puede abandonar a su progenitor del sexo opuesto como objeto libidinoso y logra sublimar la situación, es decir, solo quedará un componente de cariño desexualizado. Al llegar a la pubertad sobre los doce años, el niño estará en disposición de transferir normalmente sus deseos de la madre de la infancia hacia otros objetos heterosexuales del mundo externo como son otras mujeres.

El padre debe ejercer la autoridad represora en el triangulo edípico para que se pueda dar por finalizada esta etapa del desarrollo, donde desde nuestra afectividad infantil nos enamoramos de nuestros padres, ellos siempre fueron nuestros primeros amores.

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