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DE LA SIMBIOSIS A LA INDIVIDUACIÓN

Cuando nacemos existe un vínculo emocional simbiótico entre madre e hijo que se extenderá en el tiempo, esta conexión es vital para que el niño pueda ir organizando su incipiente sistema psíquico con los inputs que va recibiendo de la madre para su posterior maduración. A través de mecanismos como la introyección y la identificación el niño va construyendo toda su estructura mental para poder ser funcional en el mundo al que acaba de emerger.

Podemos lograr a través de un método como el autoanálisis, la comprensión de estas secuencias en el desarrollo psíquico, además de los mecanismos defensivos, compensaciones y adaptaciones que fueron instituidos y luego internalizados como parte constitutiva de nuestro yo.

A medida que el niño crece comienza gradualmente a separarse de su progenitora tomando consciencia de sus propias capacidades y de su propio estado de separación, sus límites se están configurando dando lugar al sí mismo. Cuando la madre interfiere en este proceso necesario de separación, se pueden producir fijaciones en este estado, dando lugar a disfunciones y patologías que se irán expresando posteriormente en la vida del niño, la madre al no poder aceptar la maduración e individuación de su hijo puede provocar un grave daño en su mente.

Nuestra individualidad nos pertenece, pero debido a la necesidad imperativa de nuestro sistema psíquico de recibir información del exterior para su formación y estructuración, si este proceso no se produce correctamente, puede quedar dañado en alguna fase y posteriormente estos fallos pueden perturbar gravemente nuestra expresión como individuos en el mundo.

Es importante entender, que el modo en que nuestro proceso de individuación tuvo lugar es nuestra herencia psicológica para el resto de nuestras vidas y es allí donde deberíamos mirar si queremos comprender, porqué patrones de comportamiento y pensamiento disfuncionales tienen lugar repetidamente sin ningún sentido. Un proceso de individuación bien formado es fundamental para gozar de salud psíquica, poder sentar las bases de nuestra identidad nos da seguridad y pone límites a lo foráneo, a lo que ya no nos pertenece, liberándonos de introyectos psíquicos patológicos.

Si nuestros vínculos simbióticos de nuestra infancia fueron disfuncionales se seguirán expresando en el presente porque formarán parte de nuestro sistema psíquico constitutivo, al no haberse podido configurar un yo fuerte, podemos ver como muchas de nuestras creaciones en el presente no tienen la solidez ni la fuerza necesaria para permanecer en el tiempo. No debemos subestimar la proyección que tienen en nuestra vida nuestros vínculos emocionales primigenios, llegar a entenderlo puede ser la clave para poder, en caso necesario, identificar las fuerzas perturbadoras que siguen estando activas en nuestro sistema psíquico.