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EL MITO DEL ORGASMO

Nuestra sociocultura que rige los dictámenes de cómo pensamos y sentimos nos ha hecho esclavos del rendimiento,  el valor intrínseco de un elemento solo se mide por la máxima cantidad de beneficio que obtenemos de él. Dentro de nuestra esfera íntima y privada también hemos sucumbido a la tendencia de medir cuantitativamente todos los eventos, incluso nuestra satisfacción sexual queda también reglamentada por una serie de dogmas que deciden por nosotros como hemos de percibir nuestro placer.

El criterio exclusivo de referencia para el goce es el orgasmo, todo el éxito dentro de una relación sexual se mide por él, esto conlleva grandes frustraciones y decepciones que podríamos mitigar si lo contempláramos desde la perspectiva correcta.

No podemos fundamentar nuestras expectativas de disfrute solo exclusivamente en el tamaño o la duración de una erección o en la cantidad de orgasmos que se consiga, sea en las condiciones que sea, hay que desmitificar que tres segundos de gloria basten para definir la calidad y la intimidad dentro de una relación. Las pulsiones nos definen como seres sexuados pero existe mucho más a tener en cuenta dentro del universo de la satisfacción que funcionar como meros cuerpos infalibles.

El orgasmo está sobrevalorado y la falta de educación sexual produce grandes padecimientos e incomprensiones, no existe el fracaso dentro de una relación íntima si se valora la experiencia desde un enfoque cualitativo. El grado de satisfacción dentro de un vínculo íntimo es muy subjetivo e individual, a veces grandes proezas nos dejan al final totalmente insatisfechos. El objetivo es mucho más simple pero mucho más valioso debemos aprender a disfrutar de la vida sexual, a veces forzar insistentemente un resultado hace que nuestro goce se quede por el camino.

Cuando dejemos de angustiarnos y desechemos todas las expectativas que tenemos  sobre como debería ser nuestro rendimiento sexual, podremos empezar a abandonarnos a la experiencia, sin esperar nada, solo dejando que sea el momento el que nos lleve a las puertas del placer.