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EMOCIONES PRIMARIAS

Las emociones primarias son memorias evolutivas que se han desarrollado en el cerebro de los vertebrados y  les ha permitido, a lo largo de la evolución,  poder anticipar automáticamente amenazas para su supervivencia. El cerebro humano comparte con los animales estos mecanismos emocionales primarios, heredados filogenéticamente, que se estructuran en una serie de redes neurales genéticamente diseñadas y conforman nuestro cerebro más primitivo o emocional. Los animales y nosotros tenemos las mismas respuestas emocionales ante el miedo, la ira, la alegría o la tristeza. Estos  afectos se modulan a través de neuropéptidos y no se ubican en el neocórtex, sino que estos procesos neurodinámicos están más relacionados con los circuitos emocionales subcorticales, esto significa que una gran parte de nuestras emociones operan automáticamente en nuestro sistema psíquico.

Estos mecanismos emocionales primarios, que son nuestro hardware neurológico, nos permiten evolucionar y adaptarnos a los ambientes y experiencias más extremas, pero si no conocemos ni sabemos modular sus efectos, pueden mantenernos encadenados en un circuito emocional improductivo y dañino que coarte nuestra salud mental, impidiendo desarrollar todo nuestro potencial humano.

Los sucesos estresantes desarrollan componentes emocionales intensos en nuestro psiquismo, causando en nuestro organismo un torrente de neuropéptidos y hormonas muy específicas, cuando estos sucesos se reviven repetidamente en nuestra mente, producen el mismo torrente químico en el organismo aunque sean experiencias del pasado. Con el tiempo se configuran unas rutas neuronales que convierten a nuestro cerebro en adicto a este cocktel bioquímico y nuestra mente buscará en nuestro presente circunstancias que desencadenen este tipo de química específica. Todo este proceso ocurre de manera inconsciente debido a que las respuestas emocionales a los estímulos o información recibida, sucede antes de que la inteligencia y la cognición tengan oportunidad de modificar la respuesta. La inteligencia de la corteza prefrontal no solo es más lenta en alcanzar el centro de respuesta, sino que cuando lo hace, ya lo hace subordinada a la ya previamente respuesta emocional,por lo tanto el intelecto en este nivel de procesamiento de la información, no puede neutralizar las emociones primarias.

Pensamos firmemente que somos los autores de todo lo que sentimos pero el desconocimiento del funcionamiento de nuestro sistema psíquico nos mantiene atrapados en un bucle autorreferencial, hagamos lo que hagamos siempre estamos en el mismo punto de partida.

Si examináramos objetivamente nuestro componente mental diario, veríamos como un elevado porcentaje de nuestros pensamientos están destinados a salvaguardar las rutas emocionales primitivas. La forma de superar esta limitación que nuestro cerebro, en el actual estadio de desarrollo nos impone, es crear nuevas rutas neuronales desde la consciencia, reafirmando día a día lo que realmente elegimos, para que puedan consolidarse nuevas configuraciones psíquicas que habremos instalado desde nuestro libre albedrío. Debemos ser muy conscientes que nuestro cerebro es un programa perfectamente evolucionado para sobrevivir y que lleva millones de años funcionando antes de que apareciera la cognición en él. Nuestro entendimiento sobre la organización y el funcionamiento de sus sistemas emocionales primarios son cruciales para entender nuestros procesos mentales superiores y el origen de muchas  disfunciones psicológicas.