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¿QUÉ ES LA TRANSFERENCIA?

La transferencia es un recurso que utiliza el analista en la terapia psicoanalítica, donde el paciente a través del vínculo que forma con el terapeuta, transfiere y revive sin darse cuenta sus antiguos sentimientos, conflictos y expectativas reprimidas infantiles. Estos afectos estaban orientados en los primeros años de vida hacia los padres y personas significativas, pero en la edad adulta siguen perviviendo la mayoría de ellos a un nivel inconsciente y siguen manteniendo su efectividad psíquica, debido a ello es posible transferirlos a escenarios actuales. De hecho a través del mecanismo de la proyección estos afectos también son actuados a través de patrones repetitivos en las relaciones afectivas del presente.

En el foco de nuestros conflictos hay una pérdida de autoestima y aprendemos conductas defensivas que nos protegen de la angustia que esto nos causa, produciéndose en nuestro psiquismo una disociación de nuestros conflictos.

La transferencia nos brinda la posibilidad de rectificar esta disociación defensiva y de revivir todos nuestros conflictos emocionales, donde mediante su comprensión no se proyecten tan irracionalmente y de vencer las resistencias que puedan aparecer en el tratamiento, logrando que lo reprimido e inconsciente sea conocido y aceptado, produciendo un cambio permanente en nuestro psiquismo.

La transferencia ocupa un lugar central en la cura psicoanalítica, es el instrumento principal del que se sirve el analista para conducir el tratamiento.

El analista está en disposición de poder realizar este tipo de terapia, debido a su preparación académica que le exige haber previamente elaborado su propia transferencia, para que no interfiera con los contenidos psíquicos del paciente. Con la transferencia finalmente conseguimos una apertura del inconsciente que posibilita el manejo de las resistencias y de la compulsión a la repetición, produciéndose en el paciente una modificación permanente de sus síntomas patológicos. En definitiva la terapia psicoanalítica nos ofrece la oportunidad de reeducar al adulto que ya somos y reparar el daño infligido al niño que fuimos.