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TRASTORNO NARCISISTA DE LA PERSONALIDAD

En nuestra cultura de hoy en día el narcisismo se ha instituido como un estilo de vida caracterizado por un excesivo culto al Yo, el exhibicionismo desmesurado de nuestra vida, continuamente expuesta en los medios sociales, es el caldo de cultivo para desarrollar un Self engrandecido sin apenas espacio para la interrelación con los otros. Esta dinámica existencial tan desequilibrada produce su propia patología  que es el trastorno narcisista de la personalidad, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales ( DSM) es un patrón general de grandiosidad, una necesidad de admiración y una falta de empatía.

Es un trastorno difícil de tratar debido a las fuertes defensas psíquicas construidas, más bien toda la propia patología es una defensa reactiva para compensar y defender la propia vulnerabilidad, si alguien con este trastorno está leyendo estas líneas puede no reconocerse en absoluto en ellas debido a la imagen tan distorsionada que tiene de sí mismo.

El narcisismo se caracteriza por una acusada patología del Self que muestra un egocentrismo excesivo, desmesurada dependencia de la admiración de los otros, predominio de fantasías de éxito y grandiosidad, evitación de realidades que sean contrarias a la imagen inflada que tienen de sí mismos, y episodios de inseguridad que perturban su sentimiento de grandiosidad o de ser especiales. Esta megalomanía les lleva a creer que tienen talentos y habilidades especiales y que sus problemas son únicos, sólo podrán ser entendidos por otros individuos especiales, en terapia su actitud es más bien la de exhibición y competitividad con el terapeuta, están realmente convencidos de su posición superior y de la veracidad de su falsa realidad.

Se rodean de un tipo de personas que lo adulen, raramente de aquellos que critiquen sus defectos, la desmesurada imagen que tienen de sí mismo les hará reaccionar a las críticas con un sentimiento de rabia, vergüenza o humillación, herir el ego narcisista puede desencadenar palabras y comportamientos gravemente agresivos y despreciativos.

Muestran problemas con la envidia, aunque ésta es incompatible con un yo grandioso, utilizan el mecanismo de la devaluación de las cualidades de los otros para defenderse de su envidia y poder mantener su imagen ensalzada. También muestran una falta llamativa de empatía con los demás que expresa la incapacidad para reconocer y experimentar lo que los otros sienten, superficialidad en su vida emocional e incapacidad para comprometerse con las relaciones, objetivos o propósitos conjuntos con los otros.

Esta inhibición de la expresión de los afectos y emociones tiene lugar porque el narcisista piensa que al expresarlos se vuelve vulnerable, durante el desarrollo del trastorno cada vez más se produce un desapego emocional, motivado por los riesgos de inestabilidad que sufren en sus relaciones interpersonales.

Los mecanismos de defensa que sustentan este trastorno de la personalidad narcisista son la escisión, que se forma entre su megalomanía y su Yo vulnerable, quedando éste sepultado en el inconsciente y otro mecanismo es la identificación proyectiva. A través de la identificación proyectiva se escinden aspectos de la propia persona que son rechazados o ensalzados y se atribuyen a un sujeto externo, este mecanismo se realiza de forma automática e inconsciente y sirve generalmente para paliar la ansiedad interna y manipular, estos psicodinamismos defensivos se desarrollan en la infancia cuando el sistema psíquico está organizándose.

El Super yo aspecto de la personalidad que hace referencia al sistema de valores adquiridos, tanto de los aspectos conscientes como inconscientes en el ambiente familiar, adolece en los sujetos narcisistas de una conducta antisocial crónica.

Para entender cómo se ha formado esta cultura del Yoismo, además del particular entorno social y económico en el que ha surgido, debemos mirar atrás en el tiempo para identificar el tipo de educación afectiva que  esta generación narcisista recibió de sus progenitores. El punto central que ha sido predominante en el desarrollo de este trastorno ha sido el tratamiento que los padres han hecho sobre la autoestima de sus hijos.  Las generaciones anteriores tuvieron que lidiar con una realidad tanto afectiva como social muy diferente a las condiciones que existen en la actualidad, la educación era más estricta donde la voluntad, la renuncia, el trabajo duro contribuían a lograr los objetivos que el sujeto se había propuesto.

Pero esto fue cambiando cuando empezó a surgir un nuevo interés sobre la vida interna y las emociones de las personas y empezó a cobrar mucha importancia el hecho de que sentirse bien internamente era vital para conseguir los objetivos marcados. El desarrollo personal ayudó a incrementar la autoestima, un bien muy valorado y necesario para incrementar la felicidad y porque no, ayudar a ser exitosos en nuestra vida. Esto ocasionó un nuevo modelo educacional generando progenitores mucho más permisivos, cercanos y focalizados en desarrollar una autoestima potente en sus hijos.

Los niños fueron creciendo amamantados con la seguridad de ser especiales y únicos, con límites muy lábiles, la omnipotencia ya no dejó nunca de residir en su interior, el mundo estaba a sus pies.

Hoy asistimos a la coronación de toda esta generación que vive en sus fantasías megalómanas acerca de sus cualidades y talentos, los futuros padres deben tomar nota de como una educación desequilibrada puede afectar profundamente en el desarrollo ulterior de la personalidad de sus hijos. Salir de uno mismo es una ardua tarea que pasa por recuperar la responsabilidad individual, la excesiva autoconfianza genera fracaso a largo plazo, mucho sufrimiento y aislamiento interno. El ideal postmoderno es la autonomía individual, que es positiva en cuanto a la autogestión pero muy negativa cuando pierdes el contacto emocional con tus congéneres.

El gran costo del narcisismo es la soledad que si en un primer momento se desea, a la larga el aislamiento pasa factura, empezando por la desconexión y acabando en la autodestrucción. Amarse uno mismo es necesario pero no es suficiente, el proceso de individuación y maduración requiere la mediación de la relación interpersonal. El trastorno narcisista de la personalidad es una patología que necesita atención especializada, puede ser el primer paso para empezar a construir una buena interacción con alguien que no sea uno mismo.