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AUTOANÁLISIS: QUÉ, CÓMO, CUÁNDO

¿Qué es el autoanálisis?

El autoanálisis es una investigación y análisis de uno por sí mismo que utiliza la introspección profunda y cuyo fin es llegar a los contenidos y conflictos que no están conectados a la consciencia, este análisis se hace sin la participación de un tercero por lo tanto no existe la figura de la transferencia, no al menos una transferencia fuera de uno mismo. En terapia la transferencia de antiguos sentimientos, conflictos y expectativas reprimidas se realiza al terapeuta a través del vínculo que se crea con él.

Para poder utilizar la técnica del autoanálisis debe conocerse cómo funciona la psicodinámica de nuestra mente y cómo está estructurada nuestra personalidad, es decir cómo se organiza nuestra energía psíquica y la manera en que se transforma y expresa la conducta.

El autoanálisis utiliza técnicas del psicoanálisis como la asociación libre, la interpretación de los sueños, la investigación de recuerdos, síntomas, etc. Es mucho más que una autoobservación profunda, es una técnica de investigación con la que podemos llegar a reconfigurar nuestra mente, este es el poder que tenemos a nuestro alcance con este método autorreflexivo.

 

¿Cómo podemos hacer un autoanálisis?

En primer lugar para hacer un autoanálisis debemos adquirir conocimiento de cómo está estructurado y funciona nuestro sistema psíquico y cómo evoluciona la libido en las diferentes etapas de nuestro desarrollo psicosexual, de esta forma tendremos la información necesaria para saber cómo abordar nuestra introspección.

El conocimiento es la piedra angular del autoanálisis, para situar las problemáticas dentro de nuestra evolución se necesita hacer una historia personal lo más exhaustiva posible, todos estos datos no ayudarán a entender la relación existente entre los conflictos reprimidos del pasado y los enfrentamientos internos del presente.

La técnica del autoanálisis requiere conocer los métodos del psicoanálisis y la psicodinámica para saber cómo manejar las resistencias que pueden aparecer durante el proceso de introspección y proceder correctamente con el proceso de desdoblamiento interno. Esta división es necesaria para que podamos proyectar sobre uno mismo, en la parte que hemos investido de antogonista, los componentes reprimidos para poder en un primer momento objetivizarlos y después analizarlos. Nos convertimos en observadores de nuestros propios procesos internos sin necesidad de transferirlos al exterior y en actores de nuestra reprogramación psíquica consiguiendo una autentica autogestión emocional.

 

¿Cuándo empezar un autoanálisis?

El autoanálisis es una técnica que nos enseña cómo funciona nuestra mente y cómo  desactivar procesos disfuncionales en nuestro sistema psíquico, por lo tanto es indispensable si queremos vivir libres de trastornos y somatizaciones y deseamos conquistar el éxito y la plenitud en nuestra vida. El mejor momento para empezar un autoanálisis es cuando se tiene la suficiente motivación para empezar un proceso de introspección profunda, requiere compromiso y constancia con uno mismo.

El padecimiento constante impide tener una vida plena o alcanzar objetivos largamente anhelados y puede ser eliminado a través del entendimiento de las emociones que han estado reprimidas en la parte más profunda de nuestro psiquismo. El autoanálisis es un camino hacia el autoentendimiento de tus procesos internos que te regala libertad e independencia y te transforma en una persona mucho más eficiente al disponer de mucha más energía psíquica disponible.

Este proceso de metamorfosis que vas a experimentar a través del autoanálisis, te permitirá convertirte en lo que desees ser al haber superado todas tus limitaciones propias, y  acceder a tus talentos al haberte liberado de las trabas internas que formaban parte estructural de tu sistema psíquico.

Cuanto antes empieces a conocerte, antes la felicidad empezará a depender de ti.

 

 

Si deseas más información sobre la técnica del autoanálisis puedes escribir a info@psicoanalisis0.com

 

 

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LA NEUROSIS SE HEREDA

No solo heredamos nuestros genes de nuestros antepasados sino que al existir como individuos que formamos parte de una cadena generacional heredamos su cultura y también su patología, a través del inconsciente familiar nos es transmitido por vía psíquica la formación de ideales, las referencias identificatorias, las creencias, los mitos y también nuestros mecanismos de defensa.

La familia es el espacio originario de nuestro mundo subjetivo, las representaciones familiares suelen tener una función estructurante pero también proyectan expectativas y aspiraciones relacionadas con su propio narcisismo que pueden interferir gravemente en la constitución de nuestra propia identidad.

Es necesario poder diferenciar entre las transmisiones organizadoras de la vida que son necesarias de las que tienen cualidades traumáticas y son generadoras de diversas patologías. Estas transmisiones se producen en estratos profundos de nuestra psique y estas estructuras permanecen fusionadas con nuestros propios componentes mentales produciéndose una identificación total con ellas, de hecho nos es imposible si no es a través del análisis, descubrir que son formaciones inconscientes ajenas a nosotros.

La transferencia parental de elementos subconscientes se hace a través de la comunicación no verbal, donde experiencias con carga emocional o traumas que no fueron debidamente metabolizados, pueden ser escindidos del resto del psiquismo y convertirse en elementos inconscientes enquistados que son transferidos a la descendencia.

Así sectores del yo que han permanecido desconectados se transmiten a través de varias generaciones produciendo síntomas de diversa índole que se expresarán a través del cuerpo y la mente produciendo la enfermedad, pero cuyo origen es totalmente desconocido e inconsciente. En terapia es importante trabajar como fueron estructurados los vínculos en el medio familiar y como se transmitieron las representaciones, este es el hilo conductor que nos llevara finalmente a nuestro autodescubrimiento.

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PSICOANÁLISIS DIRECTO

Tener la posibilidad de realizar una terapia analítica en el transcurso de nuestra vida es algo que nos va a transformar profundamente, seremos testigos de cómo partes de nuestro psiquismo con las que no teníamos contacto alguno, serán expresadas y vivenciadas a través del vínculo transferencial que se creará con el terapeuta. Este contenido inconsciente del que no teníamos constancia estará en la base de todos nuestros síntomas y disfunciones por lo tanto identificarlo y tratarlo será el objetivo del método.

A diferencia del psicoanálisis clásico el directo consiste en una intervención psicoterapéutica activa, en la que el analista interviene de forma directa, ofreciendo interpretaciones al paciente.

La interpretación supone evidenciar y hacer llegar al paciente aspectos de sus propios contenidos inconscientes y de las consecuencias que estos tienen en la conducta, al adoptar el analista un rol activo, que asemeja al de un sustituto familiar, cabe esperar un mayor éxito terapéutico, donde la destreza y la competencia personal del terapeuta son de vital importancia. El analista clásico es un observador discreto de las sesiones clínicas, es un método indispensable para la investigación del psiquismo, pero como tratamiento psicoterapéutico, el psicoanálisis directo sabe como intervenir y por qué es necesaria esa intervención.

El saber psicoanalítico aporta sentido a los conflictos transferidos, a los que desde una actitud terapéutica distinta a la analítica resultarían  imposibles de resignificar. Nuestro cerebro procesa de manera automática el 90% de la comunicación que entablamos con otras personas, mientras que solo el 10% lo realizamos de manera consciente.

Fluctuamos todo el tiempo entre el consciente y el inconsciente percibimos el mundo a través de dos planos diferentes de realidad. 

A través de la técnica psicoanalítica podemos descifrar y comprender los contenidos de nuestra esfera inconsciente que están en la base de los conflictos y disfunciones, contactar con nuestros aspectos reprimidos o negados nos libera para estructurar de nuevo nuestro psiquismo habiendo conseguido integrar lo disfuncional.

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EL PODER DEL VÍNCULO EN TERAPIA

Cuando el dolor se instaura en nuestro proceder y el sufrimiento se torna insoportable nos sentimos impotentes para restaurar el equilibrio perdido, intentamos entender como perdimos nuestro fluir en el vivir, como nuestras partes que conformaban una sólida imagen empezaron a mudar en piezas fragmentadas, desdibujando nuestra coherencia en esta realidad. Es el momento en que precisamos una visión diferente, una nueva perspectiva desde donde enfocar nuestra dinámica vivencial y como no podemos aprehender nuestra propia subjetividad, hay que añadir distancia a nuestro enfoque reducido y parcial.

El terapeuta nos brinda la posibilidad de reordenar y discernir nuestros síntomas, de nombrar lo omitido y de consentir nuestra parte más visceral de nuestro psiquismo, convirtiéndose en un catalizador que transmuta nuestra incapacidad y sufrimiento, en confianza y entendimiento para conseguir nuestra propia curación.

Pero el acto de sanar solo nos pertenece a nosotros, el terapeuta ofrece su empatía para llegar al otro, sin juicios sin expectativas y restaurar la confianza en la autocuración, siendo el vínculo más poderoso que existe el afecto, a través de él, se transmite todo el sostén emocional que una persona dañada necesita. En terapia podemos brindar nuestro saber, nuestra técnica pero al final lo que consigue que alguien se mueva de su desazón es el vínculo.

Éste consigue que las resistencias desaparezcan y se pueda transferir lo reprimido, lo que no consta, en un acto vincular donde el terapeuta a cambio, devolverá estructura y entendimiento empático, posibilitando la conexión de nuestros significados y dando coherencia a toda nuestra historia. El terapeuta en la comprensión y aceptación total del dolor legítimo de su paciente, brinda la posibilidad de que éste pueda conocer su mundo íntimo fragmentado y disociado, reconstruyendo una nueva historia que incorpore todo lo no nombrado y autosanando todas las heridas contraídas.

Finalmente el reflejo en el Otro amparador nos enfrenta con nuestra propia imago que ha recobrado toda su nitidez y cohesión perdida.

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